A empoderar a la mujer rural

Constanza Alarcón lidera la Fundación Alpina, desde donde se adelanta un proyecto para que mujeres y niñas, con sus familias, mejoren sus condiciones socioeconómicas.

Constanza Alarcón busca que unas 400 mujeres aumenten en un 200 % su ingreso. / Mauricio Alvarado – El Espectador

Alpina es una marca muy reconocida, pero ¿qué hace la Fundación Alpina?

Trabaja en el desarrollo de proyectos productivos en la zona rural del país. Estamos ubicados en seis o siete departamentos, trabajamos con población rural, población campesina, indígena y afro, desarrollando proyectos de inclusión productiva y de inclusión social tendientes a mejorar las condiciones nutricionales y alimentarias de estas familias.

Trabajó en la Presidencia de la República como coordinadora nacional de la Comisión Intersectorial para la Atención Integral de la Primera Infancia. ¿Qué podemos hacer para que todos, privados y públicos, entendamos la importancia de la primera infancia y trabajemos más por ella?

Trabajar en los procesos de construcción de políticas públicas debe, de manera fundamental, hacer procesos de movilización social, es decir, poder hacer involucramientos efectivos de los diferentes actores de la sociedad. Estamos hablando de Gobierno, academias, sociedad civil, banca multilateral, comunidades, y esto fue uno de los criterios y posibilidades de éxito de lo que Colombia ha hecho durante los últimos años en materia de primera infancia, y fue alinear en un marco de política a todos los actores, principalmente a los privados que estaban comprometidos con los temas de primera infancia, y poder hacer un salto fundamental que fue transitar de una política de Gobierno a una de Estado. Hoy Colombia tiene un desarrollo integral para la primera infancia.

Eso quiere decir que sí estamos apuntando hacia una buena primera infancia.

Hoy Colombia es líder en América Latina en cuanto a visión y desarrollos técnicos operativos y financieros de atención integral a la primera infancia.

Es psicóloga, licenciada en educación especial, con especialización en atención social y máster en desarrollo educativo. ¿Cómo debemos formar a los líderes del mañana?

Siendo coherente con el nuevo planteamiento de la política, los temas de liderazgo mirados desde los temas de autodeterminación comienzan desde la misma formación y cuidados en primera infancia, el trabajar desde una perspectiva de derechos, desde el reconocimiento del otro, nuevas formas de interacción entre adultos y niños, darles un lugar visible y de respeto a los niños desde muy pequeños, pues así empiezan a hacer bases centrales para la construcción de una nueva ciudadanía. A partir de eso, empezar el proceso de acompañamiento. El sistema educativo es fuente vertebral fundamental para el proceso de fortalecimiento de todo el capital humano de una comunidad. En ese sentido, trabajar temas de liderazgo y creación de capacidades para liderar procesos está compuesto por un componente de crianza y educación.

Posteriormente recibimos educación adicional, y eso perfila, pule, complementa, pero lo central y lo básico está en toda esta estructura educativa que acompaña el ciclo vital del ser humano.

Están trabajando en un tema de empoderamiento económico y social de mujeres rurales. ¿De qué se trata?

La hipótesis que hemos venido trabajando a través de los proyectos está referenciada a que si quisiéramos mejorar las condiciones de seguridad alimentaria de la población tendríamos que erradicar las causas que la generan: inequidad, pobreza, falta de políticas estructurales, falta de acceso a agua, baja calidad educativa. Son condiciones centrales que se manifiestan de muchas maneras. Entonces, cuando uno mira cuáles son las intervenciones más costo-eficientes para poder erradicar el problema pensando en que tengamos algún tipo de incidencia en política pública, trabajar con las niñas y las mujeres tiene un impacto mayor en temas de la efectividad de la política. Entonces nos unimos a una convocatoria que hizo la Unión Europea y hoy estamos trabajando con 400 mujeres víctimas de conflicto armado en la zona del Alto Patía, sur del Cauca, donde han tenido la falta de Estado, de acceso a servicios públicos, falta de entrar la mujer en un mundo de productividad económica.

La propuesta que tenemos es cómo concertamos con ellas el desarrollo de una línea de cadenas productivas que les revierta a ellos de manera importante y que pueda ser una alternativa a los cultivos ilícitos que en esa zona del país están bastante expandidos y con un involucramiento de muchos actores de la familia, entonces seleccionamos a las mujeres, evaluamos vocaciones agropecuarias, definimos una línea de trabajo, armamos un plan de negocio. Eso lo desarrollamos con ellos, complementamos con temas de inclusión social, empoderamiento, participación, toma de decisiones, economía del cuidado. Precisamente por esa condición de la mujer se hace más complejo.

Leí en el documento que con este programa se logra un incremento del 20 % del liderazgo y la participación de la mujer en espacios públicos y organizativos. ¿Eso también se traduce en un aumento de los ingresos económicos?

El proyecto está estudiando en cada una de las cadenas de negocio cuál va a ser, después de llegar al punto de comercialización, el incremento del ingreso que estamos esperando se pueda dar. Por una experiencia previa en temas lácteos en un proyecto que trabajó con 1.700 familias también en el Cauca, donde cerca del 35 % eran mujeres, hemos logrado que las familias mejoren hasta más de 1.000 % en ingreso anual. Tenemos de marco de referencia ese proyecto. En este que hacemos con mujeres queremos incrementar al menos en un 200 % de mejoramiento del ingreso o si no, no se hace sostenible.

¿Logrará Colombia hacer de los agronegocios la gran opción de vida de las mujeres rurales y sus familias?

Es una alternativa. No es la única y no me atrevo a decir que sea la mejor, pero sí es una alternativa, siempre y cuando el agronegocio se piense como una buena exploración de la vocación agrícola o la vocación pecuaria que tenga la mujer y su familia, pero que se lleve completo hasta la comercialización. Si nosotros no garantizamos un marco de socios comerciales, una salida de producto, un reconocimiento económico coherente con el nivel de trabajo y además asociado a variables como el acceso a la banca. Del grupo sólo el 2 % ha tenido acceso a la banca, más del 40 % no ha terminado la primaria y la mayoría son cabeza de familia. Uno mira que la población campesina tiene una posición muy crítica frente a la lógica de los subsidios y de transferencias; ellos quieren herramientas para apropiarse de proyectos que sean sostenibles.

Proyectos como este de empoderamiento femenino, ¿a qué otras regiones del país podrían extenderse?

Parte de que estos proyectos sean sostenibles es que puedan tener incidencia en política pública, y para incidir debemos mostrar que este tipo de intervenciones son posibles de ser escaladas, y eso quiere decir validarlas en otras zonas del país donde se aparten a las condiciones culturales y que ese modelo responda a una necesidad de transformar algunas familias.

Este sigue siendo un país machista y en el campo ese grado se eleva. ¿Cómo trabajar la igualdad y, con ello, superar el patriarcado rural?

Los ejercicios concretos ayudan, porque la lógica de la asociatividad, de participación, es fundamental en la construcción de tejido social, pero uno se encuentra que muchas organizaciones de mujeres son lideradas por hombres, entonces ya hay problemas. Uno de los ejercicios ha sido: vinculémoslos, vengan y ayuden a entender la realidad de lo que pasa acá. Entonces tenemos experiencias donde los hombres participan en todo este proceso de formación de las mujeres, entran y todo esto requiere un cambio. Ellas tienen el potencial pero son las condiciones externas las que no permiten que el ejercicio se dé, y ahí juega un papel fundamental el hombre. Una de las estrategias ha sido vincularlo. La otra, desde lo educativo, cómo hacemos para garantizar que el respeto por el otro permee desde el sistema educativo.

¿Y cómo han respondido los hombres?

Hay familias que han entendido que el proyecto es para el bienestar de la familia. Hay casos donde el hombre ejerce una presión muy fuerte y hacen que se retire la mujer, y creen que el hogar lo tiene todo. Hay situaciones en algunas regiones con esos patrones, pero se han hecho logros, tránsito en comprender y mirarlas con respeto.

FUENTE: EL ESPECTADOR

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